Nº 3 - Reseñas

La mentalidad ilustrada

El liberalismo no habría existido de no ser por la Ilustración. Los cimientos mentales de la sociedad laica, abierta y tolerante, de la sociedad regida por la libertad política y la igualdad civil, fueron construidos en el siglo XVIII por el movimiento europeo conocido como "las Luces".

Kant resumió magistralmente el significado de la Ilustración en la célebre formula del "sapere aude": atrévete a pensar por ti mismo, atrévete a ver las cosas tal como son y no como te las han enseñado o como piensa la mayoría, busca y defiende la verdad que tú, individualmente, has encontrado; confía en las fuerzas de tu entendimiento y pasa por el tamiz de la experiencia y de la crítica cuanto te proponen los demás para que creas u obre. Un programa intelectual y moral semejante, el paso de la mentalidad de vasallo a la mentalidad de ciudadano, la autonomía del pensamiento, sólo puede resolverse en una sociedad en que la libertad individual este reconocida como el primer derecho.

Sobre la Ilustración española del siglo XVIII, igual que sobre el liberalismo español del siglo XIX, pesan espesas cortinas de humo historiográfico que nos impiden conocerlos y valorarlos con justicia. Menéndez y Pelayo sencillamente la negó. España, en su opinión, había seguido fiel a la ortodoxia tradicional católica y los escasos ilustrados no eran sino "afrancesados" con nula influencia. Jean Sarrailh y Richard Herr entendieron la Ilustración española como una elite fomentada por Carlos III amiga de lo nuevo y obsesionada por la "instrucción y la mejora de la agricultura" que se oponía a una masa rutinaria e inerte aferrada a la tradición. Antonio Elorza explicó la Ilustración como la ideología de una nueva clase en ascenso: "la burguesía", que aspiraba al poder.

Todas estas interpretaciones revelan hasta qué punto el estudio histórico esta contaminado por la aplicación inconsciente de paradigmas cuya familiaridad encubre el hecho de que no son aplicables al pasado. Tanto en el tradicionalismo de Menéndez Pidal como en el marxismo de Elorza encontramos la misma falta metodológica al enfrentarnos con la historia de las ideas. No prestan atención a las polémicas concretas que suscitaron estos movimientos, no han recreado el contexto histórico de los debates en que surgieron, no han estudiado las fuentes en sí-mismas si no en relación con sus mitologias particulares.

Afortunadamente contamos hoy con la ya extensa obra del profesor Francisco Sánchez-Blanco (Europa y el pensamiento español del siglo XVIII (1991); La prosa del siglo XVIII (1992); La Ilustración Española (1997) y su última entrega: La mentalidad ilustrada (1999) ,que nos esta devolviendo la dimensión real histórica, no mitológica de la ilustración española. Frente a las tendencias minimizadoras del movimiento ilustrado en España, Sánchez-Blanco recupera las fuentes que demuestran la fuerza y la originalidad de un movimiento intelectual que inició el largo y doloroso camino de la emancipación de la autoridad doctrinal, religiosa y política, un movimiento que comenzó con un cambio de dinastía y que culminó con la proclamación de una Constitución. Así la polémica entre "ciencia vieja" y la "ciencia nueva" que se vivió en las facultades universitarias españolas a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, la polémica de los "novatores" era ya una experiencia típicamente ilustrada, se reclamaba la libertad para investigar, pensar y enseñar frente al dogmatismo escolástico. Lo mismo ocurría en la obra de los escépticos como Feijoo, que muchos años antes que Kant, enseñaba a sus lectores a descubrir la falibilidad de cuanto aprendieron de sus mayores y les invitaba a superar los miedos que produce fiarse de la propia experiencia y el propio juicio frente a la opinión de la mayoría.

El siglo XVIII fue el siglo de las tertulias de salón y de rebotica. La libertad de hablar de todo lo divino y lo humano se puso de moda pese a los gritos escandalizados de los moralistas. Y ese mismo espíritu actuó en la política. El mismo interés por emanciparse del dogmatismo escolástico apareció en el intento de fundamental una administración laica del Estado que supuso el "regalismo". Funcionarios como Macanaz, Campomanes o Soldevilla elaboraron documentos en orden a demostrar que el Gobierno tiene derecho a decidir en asuntos de impuestos, nombramientos o regulación de la propiedad eclesiástica dentro de sus dominios.

Escépticos, sensistas, deístas, jansenistas, todos bien documentados en España, obedecían al espíritu del siglo y estaban bien arraigados en su coyuntura histórica. La calificación de "despotismo" con que la historiografía sanciona este período es injusta. Las ideas de secularización del poder político, la autonomía del Estado frente a la Iglesia, la visión utilitaria del Estado que debe preocuparse de fomentar el "bien y la felicidad común ", son conquistas de la mentalidad ilustrada. Una mentalidad que condenó a los déspotas y a los tiranos y que destruyó la legitimación teocrática del poder. La discusión ilustrada fue la creadora de la reflexión política moderna, de la teoría política tal como hoy la entendemos. Bajo la denominación de "derecho natural" ( Carlos III ordeno la creación de la primera cátedra) se reunieron todas las materias sociales y mundanas que se separaban definitivamente del "derecho divino". Y del derecho natural surgió inevitablemente la denuncia de los privilegios, la idea de justicia distributiva, la idea de igualdad de los ciudadanos, etc. Se debatió el origen del poder civil, se compararon las formas de organización estatal de los distintos países, se analizó por primera vez el funcionamiento y los principios de las relaciones económicas. Y todo ello se hacía en España exactamente igual que en el resto de Europa, bastante antes de que estallara la Revolución Francesa.

La alta erudición y el exhaustivo manejo de las fuentes de la investigación histórica de Sánchez-Blanco, demuestran la existencia en España de un pensamiento ilustrado autóctono que a la par que el resto de Europa siguió el camino lógico hacia la emancipación liberal. Quien quiera conocer el origen del liberalismo español hará bien en estudiar las obras del profesor Sánchez-Blanco sobre la Ilustración.

Francisco Sánchez-Blanco, La mentalidad ilustrada. Taurus, Madrid, 1999.

Comentarios (2)

ilustracion de la mentalidad
(15 de Agosto de 2007)
1.
español
:)
(25 de Febrero de 2011)
2.
me ecanta " sapere aude" es musica para mis oidos es la forma perfecta de algo necesario en estos momentos jeje ya ven como los arcaicos somos nosostros sapere aude ;) grax kant un beso bye :)

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Número 3

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Jun-Sep 1999

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