Nº 23 - Varia

La “Alianza de Civilizaciones”. Elementos para una crítica

La propuesta de crear una "Alianza de Civilizaciones" para luchar contra el terrorismo fue lanzada por Zapatero el pasado septiembre, durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU. Desde entonces no se ha sabido mucho sobre el desarrollo de dicha iniciativa, pero es una realidad que el Gobierno socialista la está impulsando con todas sus fuerzas en el ámbito de sus contactos internacionales. Como casi todo lo que han hecho o dicho hasta la fecha, se trata de una idea errónea y peligrosa.

I. ¿Qué es la cacareada "Alianza de Civilizaciones"?
 
La respuesta más sencilla es que se trata de una idea planteada en términos vagos que ha ido tomando forma a medida que se exponía a otros.
 
Fue el senador por Montana Mike Mansfield quien dijo: "Yo no sé definir exactamente la pornografía, pero les aseguro que sé reconocerla perfectamente". Pues bien, algo parecido ocurre con el concepto avanzado por Rodríguez Zapatero de "Alianza de Civilizaciones": pocos son capaces de darle un contenido exacto, pero todos nos hacemos una idea. De hecho, el Gobierno no ha realizado ninguna elaboración detallada de su propuesta. Al menos públicamente y para el consumo del pueblo español.
 
La idea, como se ha dicho antes, surge con motivo del discurso del actual presidente de Gobierno ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el pasado 21 de septiembre. Al final de un texto plagado de generalidades, Zapatero dijo lo siguiente:
 
"(...) como representante de un país creado y enriquecido por culturas diversas, quiero proponer ante esta Asamblea una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán. Cayó un muro. Debemos evitar ahora que el odio y la incomprensión levanten otro. España somete al Secretario General, cuya labor al frente de la Organización apoya con firmeza, la posibilidad de constituir un Grupo de Alto Nivel para llevar a cabo esta iniciativa".
 
Preguntado sobre el propósito de una alianza de tal naturaleza, Zapatero respondió: "Tiene como objetivo fundamental profundizar en la relación política, cultural, educativa, entre lo que representa el llamado mundo occidental y el ámbito de países árabes y musulmanes".
 
En realidad, el objetivo último del Gobierno español no saldría de la reunión de la ONU, donde meramente se limitó a avanzar una vaga propuesta, sino tres meses más tarde, con motivo del final de las comparecencias ante la comisión que investigaba el 11-M. De acuerdo con el diario El País, el Ejecutivo socialista tenía preparada una propuesta para renovar el pacto antiterrorista, ampliándolo al terrorismo islamista. Según ese diario, las llamadas "bases del Gobierno para una Alianza democrática" consistirían en siete principios, de los que a nosotros, aquí y ahora, sólo nos interesan dos:
 
- Desvincular el Islam del terrorismo de Al Qaeda,
- Potenciar la cooperación internacional. Todos los partidos se deben comprometer a trabajar conjuntamente para desarrollar iniciativas de cooperación en el marco de la Unión Europea y de Naciones Unidas para hacer frente a los desafíos que plantea el terrorismo internacional. Entre las medidas de esa cooperación se incluyen intercambios económicos y culturales equitativos entre las sociedades occidentales y el mundo islámico, así como fomentar el diálogo intercultural y entre religiones, tanto dentro como fuera de las fronteras estatales [1].
 
O sea, que el objetivo último es la lucha contra el terrorismo, y esa lucha se entiende que debe realizarse, esencialmente, a través del diálogo y la mejora del conocimiento mutuo.
 
II. ¿Qué está promoviendo el actual Gobierno? ¿Quién le apoya?
 
Más allá de estos enunciados generales, en realidad no se sabe gran cosa. Pero lo que sí es seguro es el empeño del Ejecutivo socialista en impulsar esta propuesta. Así, el ministro de Asuntos Exteriores instruyó mediante telegrama a todas las embajadas españolas sobre la necesidad de recabar el máximo apoyo posible para la propuesta de Zapatero.
 
Consecuentemente, aprovechando la Cumbre Iberoamericana de San José de Costa Rica, el pasado 19 y 20 de noviembre, el Gobierno coló, gracias a la complicidad de la delegación argentina, una declaración adicional sobre el tema en la que, literalmente, se dice:
 
"A propuesta de la delegación argentina, la XIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno exhorta al Secretario General de las Naciones Unidas para que, en uso de sus facultades, establezca un grupo de alto nivel en esa Organización sobre la propuesta del Presidente español efectuada en la ultima sesión de la Semana Ministerial de la Asamblea General de las Naciones Unidas relativa a la 'Alianza de Civilizaciones', como una herramienta idónea en su doble dimensión cultural y política de acercamiento de las naciones".
 
Esta declaración adicional se ha interpretado por el Ejecutivo como una adhesión a la idea por parte de la comunidad de países iberoamericanos.
 
En segundo lugar, el Gobierno ha empujado también su idea con motivo de la reunión de la Liga Árabe, mantenida en El Cairo a comienzos del pasado mes de diciembre. Según Moratinos, el secretario general de la Liga, Amro Moussa, se mostró deseoso de dar el máximo apoyo a la propuesta de Zapatero ante las Naciones Unidas.
 
En Europa, y también al alimón de cumbres bilaterales, se cuenta en principio con el apoyo de Polonia y Portugal, aunque sólo conste públicamente el fervor de Bulgaria por la idea.
 
Durante la reunión del Diálogo Mediterráneo 5+5 que tuvo lugar en Orán (Argelia) el pasado 23 de noviembre también se discutió del diálogo entre las culturas, aunque no consta apoyo explícito a la propuesta de Zapatero.
 
En cualquier caso, con estos contactos y complicidades, el presidente del Gobierno escribió al secretario general de la ONU, Kofi Annan, a finales de noviembre, para informarle de los avances y de los partidarios de su iniciativa, instándole a que recogiera su propuesta de crear un grupo de alto nivel que estudiara el asunto.
 
La respuesta de Annan llegó días más tarde, en diciembre; fue positiva y favorable. Quedaba así constituido el grupo de alto nivel, de momento con tres miembros: el jefe de gabinete de Annan, el embajador español ante la ONU, Juan Antonio Yánez, y Máximo Cajal como experto. No sólo esta composición pone de relieve las limitaciones actuales de la propuesta, sino que la dimisión forzada del hombre de confianza de Annan, el paquistaní Iqbal Riza, y su reemplazo por Mark Malloch Brown, quien ha tomado posesión muy recientemente, habrá complicado aún más los trabajos de ese grupo.
 
Es verdad que el número de países que formalmente están de acuerdo con la propuesta de Zapatero no ha dejado de crecer, pero eso no puede ignorar el hecho de que, por el momento, los logros del Gobierno se reducen a dos grandes grupos: latinoamericanos y musulmanes. Está por ver el impacto en Europa y el mundo occidental, donde, como era de esperar, Estados Unidos ha expresado ya su rechazo.
 
III. Por qué no hay que apoyar la "Alianza de Civilizaciones"
 
El contagio aparente en favor de la propuesta de Zapatero ha llevado a algunos a pensar que el Partido Popular no debe quedarse al margen de esta iniciativa y que, de hecho, debería apoyarla sin reservas. Dejando al margen la inocencia de tal planteamiento, que desconoce el ansia de ZP por lograr una foto en Madrid de reconocimiento universal –por lo tanto, no puede incluir a la oposición-, apoyar el concepto de "Alianza de Civilizaciones" sería un gravísimo error, ya que supone renegar de la visión, actitud y políticas que se han sostenido en la etapa de Gobierno del PP en la lucha contra el terrorismo. Eso, por lo que hace al plano táctico. En el largo alcance, somete nuestro país a una dinámica que lo vuelve mucho más vulnerable a los ojos de nuestros enemigos.
 
La iniciativa de ZP se explica en parte por su necesidad de reconocimiento internacional, pero sobre todo porque subraya su concepción de que, para luchar contra el terror, recurrir al uso de la fuerza es un grave error, que lo importante es comprender las causas del terrorismo y atajarlas a través del diálogo y la promoción de la cultura.
 
Por lo tanto:
 
- Se trata de una iniciativa para mayor gloria de Zapatero y su Gobierno, no de España, y mucho menos de todos los españoles, incluida la oposición. Ya por esto, y aunque fuera pura táctica política, el concepto debería ser aborrecido.
 
- Se trata de una iniciativa que busca condenar la política de los anteriores Gobiernos en materia antiterrorista, con especial énfasis en las intervenciones exteriores como Irak. Más que suficiente para rechazar de plano el planteamiento del Ejecutivo socialista.
 
Pero hay más, y de mayor calado:
 
- Se cuenta con una experiencia previa que ha sido todo un sonado fracaso. No suele decirse, pero la propuesta de ZP es un puro plagio de la que lanzó Jatami en 1998, ante el mismo foro, el 21 de septiembre de 1998. Sólo que, en lugar de "alianza", Jatami empleó "Diálogo de Civilizaciones". De hecho, la ONU declaró 2001 año del diálogo de civilizaciones, promoviendo una declaración formal que se aprobó finalmente en noviembre de ese mismo año, dos meses después de los atentados del 11-S, y que ya auguraba cuáles eran los límites de dicho diálogo.
 
La propuesta parte de un planteamiento equivocado y peligroso. La "Alianza", al igual que el "Diálogo" de Jatami, fija las civilizaciones, puesto que el diálogo busca el entendimiento del otro, no su cambio o transformación. Es, por tanto, un planteamiento absolutamente relativista: nuestros valores no tienen por qué ser universales y debemos respetar los del los otros, aunque sean nuestros enemigos. En la "Alianza" queda claro el planteamiento de Zapatero sobre el terrorismo islámico: no es el odio a los valores occidentales, son la incultura y la pobreza las causas del terror. Ayudando a superar estos factores, todo se podrá resolver.
 
Por lo demás, el mismo concepto de "Alianza de Civilizaciones" tiende a esconder el hecho constatable de que el terrorismo internacional es mayoritariamente islámico, y, muy especialmente, proveniente del mundo árabe. Parece querer situar el fenómeno terrorista más allá de las civilizaciones, como algo externo, cuando en realidad es todo lo contrario: un producto de la enseñanza fundamentalista del Islam militante.
 
Henry Kamen compartía estas preocupaciones en un reciente artículo, donde se mostraba convencido de que la propuesta de Zapatero era o inútil, en el mejor de los casos, o una farsa, en el peor, puesto que una alianza requería compartir una serie de conceptos en común, algo que, evidentemente, no sucede entre los occidentales liberales y el mundo islámico. Él decía, irónicamente:
           
"Se supone que la intención no es exportar los decadentes conceptos culturales occidentales, como democracia, derechos de la mujer, libertad de expresión, libertad religiosa o tolerancia sexual. Si Zapatero no tiene intención de profundizar en estos temas, ¿entonces intentará profundizar en conceptos como la dictadura, el control de la prensa y la negación de la libertad sexual? (...) Zapatero puede contestar que cuando dice profundizar, quiere decir no interferir, algo así como alcanzar una situación de mutua tolerancia..."[2].
 
- Es un planteamiento peligroso porque ya conocemos cuál es el resultado de décadas en que se ha dejado las manos libres a los líderes religiosos musulmanes; sólo han aprovechado para inculcar el odio y la cultura de la muerte. Mientras que la propuesta de ZP no desborde el marco meramente gubernamental y no promueva, por tanto, mayores contactos entre grupos sociales, estará aliándose en realidad con los verdugos, no con las víctimas de la opresión y la intolerancia.
 
- Hay alternativas que producirán más seguridad y bienestar. Desde la invasión de Irak, el presidente norteamericano, George W. Bush, no se ha cansado de repetir que es la falta de libertad la causa de los males que aquejan al mundo árabe y del terrorismo islamista; y que, por tanto, la mejor forma de combatir éste es una estrategia a largo plazo de transformación profunda de esas sociedades –o civilización, si se prefiere-. El G-8 respaldó su Iniciativa sobre el Amplio Oriente Medio y el Norte de África.
 
En el discurso que pronunció durante la ceremonia de inauguración de su segundo mandato fue muy claro al respecto: la seguridad de todo el mundo depende de la libertad en esa zona. La tiranía se combate con la expansión de la democracia, no mediante el diálogo con los tiranos. 
 
IV. Conclusiones
 
La propuesta de la "Alianza de Civilizaciones" nos enfrenta a una serie de opciones, que pueden muy bien condensarse en dos:
 
- es un ejercicio vacío y fútil, destinado a mejorar la imagen y densidad internacional de Zapatero; o
- es un acto de ingenuidad o irresponsabilidad del que sacarán provecho los enemigos de la civilización occidental, reforzando sus valores y expandiendo su audiencia.
 
Sea lo que sea, no parece nada atractivo. Máxime si se cree que el cambio en el Oriente Medio es posible y que, de hecho, ha empezado con las elecciones de Irak.
 
Hace ahora seis meses que el presidente del Gobierno lanzó su idea de impulsar una "Alianza de Civilizaciones" entre el mundo occidental y el mundo islámico, a fin de profundizar en el conocimiento mutuo y evitar la violencia y el terrorismo. La idea se le ocurrió a un sagaz diplomático español, quien, preocupado por la creciente marginación de España en la escena internacional, tuvo la ocurrencia de proponer que Rodríguez Zapatero lanzase en la Asamblea General de las Naciones Unidas una propuesta capaz de atraer la atención mundial.
 
La iniciativa tuvo más audiencia entonces en la prensa doméstica que en la internacional, pero el Gobierno no ha perdido ocasión para intentarla y está preparando una gran cumbre para cuando obtenga los apoyos necesarios. Es difícil que lo consiga. La idea nació sin peso y ha provocado escaso entusiasmo, particularmente entre las naciones que más cuentan en la escena internacional. Por varias razones.
 
La primera, porque se trata de una iniciativa que no es original. No sé si José Luis Rodríguez Zapatero era consciente, pero quien le convenció para incluir la propuesta en su discurso le estaba haciendo, en ese sentido, un flaco favor. Dejando al margen que la base teórica sobre la que se inspira es una derivada, aunque resulte paradójico, de la doctrina ecuménica de la Iglesia católica actual, que llama con insistencia al entendimiento y la convivencia pacífica entre religiones (al fin y al cabo, lo que distingue a las grandes civilizaciones no es otra cosa que sus creencias religiosas), la propuesta de la "Alianza de Civilizaciones", como hemos señalado más arriba, estaba repitiendo en Naciones Unidas algo que ya había experimentado con anterioridad esa misma organización: la idea de Jatami, el primer ministro iraní, del "diálogo de civilizaciones". El esfuerzo de la ONU sólo sirvió para que Teherán se costeara un observatorio para el seguimiento del acercamiento entre los pueblos que ha tenido poco trabajo y menos resultados. Por tanto, lo que aspiraba a ser novedoso quedaba enterrado por los recuerdos de anteriores fracasos.
 
En segundo lugar, la idea de una "Alianza de Civilizaciones" como instrumento para erradicar la violencia y el terrorismo, tal y como anhela el Gobierno español, no sólo es errónea sino muy peligrosa.
 
Es errónea porque confunde el planteamiento del problema: se cree que las causas del terrorismo se encuentran en el desconocimiento mutuo y en la incomprensión, en la falta de diálogo civilizacional y no en las condiciones políticas intrínsecas al mundo islámico. No puede obviarse el hecho de que el terrorismo internacional es, en realidad, terrorismo islámico y, más concretamente, árabe. No son los países más pobres y con mayor índice de analfabetismo los que exportan el terror, ni tampoco los que producen terroristas. El terrorismo islámico es la resultante de opresión política, intolerancia religiosa y fanatismo educativo, principalmente en los países más ricos del Oriente Medio, donde se ha legitimado y alimentado el odio y la violencia contra el mundo occidental y sus valores.
 
Es, además, peligrosa porque antepone el diálogo con el enemigo al cambio. Esto es, asume que las civilizaciones son algo fijo, inmutable; que todas tienen el mismo valor y el mismo derecho a ser como son. No importa que en el mundo islámico se oprima a las mujeres, se enseñe que hay que combatir a los decadentes infieles occidentales y se condene a la asfixia económica a millones de seres por hacer valer una lectura rígida del Corán.
 
Respetar todo eso es lo que exige la "Alianza de Civilizaciones". Con talante, entendimiento y la palabra. El problema es que a estas alturas ya deberíamos saber a qué conduce permitir que la corrupción y la teocracia gobiernen sobre el mundo árabe. Los líderes espirituales de Arabia Saudí o Irán, así como los dictadores laicos (véase Siria), han dado buena prueba de ser incapaces de contener el terrorismo en su suelo. Eso, cuando no lo han inspirado contra nosotros directamente. Hablar con ellos no les va a hacer cambiar. Al contrario, seguirán haciendo lo que han venido haciendo hasta ahora: enviarnos a sus fanáticos de la muerte.
 
Finalmente, la "Alianza de Civilizaciones" de Zapatero es un fiasco porque se niega a admitir que su alternativa, la transformación del Oriente Medio, y no el acomodo o el apaciguamiento, es lo que está funcionando. La retirada de Irak fue coherente con las posiciones del PSOE en la oposición, pero también un suicidio desde el punto de vista de la lucha contra el terrorismo. Y no tanto porque se dejara que los terroristas creyeran que habían conseguido una importante victoria, sino porque el Gobierno pensaba que abandonando la zona se ponía fin a la amenaza que pesaba sobre nosotros.
 
Todo lo que se ha dicho sobre que los terroristas venían de Leganés y no de montañas y desiertos apuntalaba esa concepción. Lástima que ahora sepamos que quienes volaron los trenes aquel desdichado 11-M también tenían pensado hacer lo mismo en la estación central de Nueva York. Es decir, que no limitaban su odio a lo que hizo el anterior Gobierno del PP, sino que se integraban en algo mucho más ambicioso y global. Nos atacaron no por lo que hacemos sino por lo que somos.
 

Retirarse para dialogar no resuelve nada porque deja que las condiciones que generan el terror sigan intactas. Sin embargo, como estamos viendo estos días, la ocupación de Irak, todavía ilegal para el actual presidente, está comenzando a dar sus frutos. No sólo se han celebrado las elecciones allí, sino que el Líbano se lanza a la calle para expulsar a los sirios y Hosni Mubarak, en Egipto, admite que se puedan presentar candidaturas alternativas en las próximas elecciones presidenciales. Basta leer la prensa árabe para darse cuenta de que hay un antes y un después de las elecciones en Irak.

Y si algo empieza a moverse en la región no será gracias por aliarse con sus dirigentes, sino por forzarles al cambio, a la apertura política y al respeto de los derechos de la persona. Si algo se mueve se debe a la firmeza de los Estados Unidos y al aguante de las tropas de la coalición internacional de la que nos salimos. Firmeza y aguante frente a los bárbaros, no alianza de nuestra civilización con la barbarie, porque la barbarie ni se alía ni respeta civilización alguna.



[1] El País: ‘El nuevo pacto antiterrorista propone mayor colaboración entre occidente y países islámicos’. 12 de diciembre de 2004.
[2] Henry Kamen, ‘¿Qué alianza? ¿Qué civilizaciones?’, El Mundo, 10-XII-2004.

 

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Número 23
Abril 2005

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