Nº 12

Iberoamérica en ruinas

La deserción de los dirigentes

De Brasil, e incluso de Argentina, solía decirse: "es el país del futuro... y siempre lo será". Iberoamérica es, sin duda, el continente del futuro y quizás siempre lo será, pero ya nadie desperdicia la mínima energía en dedicarle una frase despectiva. En este balcón iberoamericano que es Miami, donde se detectan todos los movimientos o convulsiones de Iberoamérica, desde la migración a la fuga de capitales, nunca como en este verano de 2002 había visto una convicción tan extendida de que la situación no tiene remedio. Y Estados Unidos, en vísperas del primer aniversario de los atentados del 11 de Septiembre, tiene bastante con sus propios problemas domésticos, que suelen además afectar al resto del mundo, como para prestar atención a ese "patio trasero" convertido en leonera. Ni atención, ni cuidados, que nunca han sido la solución de los males iberoamericanos, perpetuados en la demanda de que otros -siempre los USA, a veces la Unión Europea- carguen con sus responsabilidades. Pero es que ahora hay un factor de tipo moral tan presente y tan generalizado en prácticamente todos los países iberoamericanos que difícilmente puede culparse a nadie de su arraigo, pervivencia y, por qué no decirlo, popularidad. Me refiero, naturalmente, a la corrupción.

Racismo informativo

Es terrible que las únicas noticias positivas lleguen de Colombia, el país en situación más desesperada. Pero es que es el único en el que los resortes morales de una parte de su clase dirigente y del pueblo llano parecen vivos y activos en medio de la tragedia. Como si sólo la muerte fuera capaz de colocar a los iberoamericanos ante su responsabilidad. Y eso, algunos. Muchos serían capaces de cobrar comisiones ilegales por el paredón de su propio fusilamiento.

La prensa norteamericana, como la europea, tiene parte de responsabilidad en ese apogeo de la corrupción política sólo igualado por la incompetencia administrativa. Las reticencias criminales del New York Times y otros faros de la progresía periodística universal ante la disposición de Uribe de hacer la guerra a la narcoguerrilla colombiana (dedicaremos a ello un capítulo de esta serie) son sólo el extremo de la miserable costumbre de premiar el pintoresquismo tercermundista en detrimento de las instituciones jurídicas, políticas y económicas que hacen posible la libertad y la prosperidad de los países. Para el racismo supuestamente compasivo de la izquierda periodística son más interesantes, más genuinos, más auténticos Eva Perón, el Che, Fidel Castro o Chávez que la independencia judicial, el libre comercio o la lucha contra el déficit presupuestario. Demasiado aburridos para quien espera sólo emociones informativas fuertes: caudillismo, crimen, corrupción, miseria, calor y color, pólvora, palmeras, alcohol barato y demagogia.

Indigenismo y deslegitimación

Pero quizás el factor que desde Miami se aprecia con más claridad es el de la deserción masiva de las clases dirigentes iberoamericanas. Deslegitimadas por el indigenismo -reeditado y canonizado por la "corrección política" norteamericana- y educadas en la irresponsabilidad, nadie que pueda permitírselo deja de instalarse, poner un pie o enviar a sus hijos a los Estados Unidos. Todo con tal de huir de sus raíces, de arrancarlas de sí mismos como el que despierta de un mal sueño y decide quemar la cama. "Arrojar la cara importa, que el espejo no hay de qué", dijo el clásico. Pero es difícil condenar a quienes se alejan de un desastre material cuya base es una dimisión moral. ¿Huyen del esfuerzo o buscan una virtud más llevadera? Ambas cosas, probablemente. Y lo peor es que, en este verano tropical, agobiante, razonablemente banal de 2002, nadie con ojos en la cara y con la mano en el corazón puede reprochárselo.

Chávez, resumen de todos los desastres

Lo primero que llama la atención del dictadorzuelo venezolano es que habla igual que Felipe González. No sólo en la forma, ya que el ex-presidente español comunica sus revelaciones a la Humanidad en una jerga vocal entre porteña y caribeña, inédita en nuestra lengua desde Tirano Banderas, sino en el fondo. O, para ser precisos, en la falta de fondo, en la maraña de circunloquios y alusiones, amenazas y sobreentendidos que instalan al destinatario del mensaje en un atemorizado estupor. Entre Cantinflas y Omar Torrijos -o sea, González- pero con alusiones continuas a la patria, el pueblo y las armas, o sea, como Fidel Castro. ¿La confusión al servicio del terror o viceversa? El dolor de cabeza no tiene que estar reñido con el espanto. De hecho, en Venezuela deben de ser ya la misma cosa, eso que en obligada simplificación han dado en llamarse "chavismo": cefalea pánica.

Oí y vi el programa Aló, Presidente en el que amenazó a los jueces del Supremo por no encausar como él desea a los militares que se alzaron contra él (o él contra los militares, que al parecer es la duda más que razonable de los jueces). Y sólo un profesional de la fuerza embriagado por los efluvios mefíticos de una verborrea interminable puede llegar a tal extremo de contradicción: resulta que supuestamente en defensa de la legalidad, el representante máximo del Poder Ejecutivo acusa al Poder Judicial en la televisión de su país de estar corrompido y algunos de sus jueces manejados desde fuera del país. Y dice que tiene nombres y que puede darlos si hace falta. ¡Pero no da ninguno! Tampoco presenta ninguna prueba. Sólo dice que le han dicho cosas muy graves sobre el Supremo y añade que prefiere no creer lo que de muy buena tinta le han contado, pero que, ojo, si no actúan como el pueblo, el Ejército y él esperan, lo contará. Que, de momento, se limita a advertir al pueblo de Venezuela. ¿Pero de qué? El espectador que conserva un poco de salud mental y no ha olvidado los rudimentos del pensar grecolatino, no deja de preguntarse: ¿de qué advierte Chávez? ¿Con qué amenaza? Porque lo único claro es que amenaza. De inmediato añade que él sólo quiere que los jueces actúen con libertad, ya que otra cosa sería "un golpe de Estado contra el Supremo". Y vuelve otra vez a lo de que me han dicho que dicen, el pueblo no permitirá, el Presidente advierte a Venezuela y al mundo... Así dos o tres horas.

En un país donde se quiera preservar el Estado de Derecho, si se tienen pruebas de tan graves corrupciones como las denunciadas por Chávez, sólo hay un camino: el juzgado de guardia. Y si no se presentan esas pruebas ante los jueces, porque no se tienen o porque no existen, amenazar con ellas por televisión a los jueces (precisamente los que deben decidir si los militares que depusieron un ratito a Chávez sólo se resistían a la masacre ordenada por él contra los manifestantes de la Oposición o intentaban subvertir algún orden legal todavía existente) supone, pero de verdad, el golpe de Estado de un Poder devenido personal contra los demás poderes institucionalizados. Si esto viene sucediendo desde hace años, se comprende la confusión de quienes deberían juzgar siguiendo exclusivamente los criterios de legalidad. ¿De qué legalidad? Esa vertiginosa confusión, ese deliberado caos, esa tómbola en que se ha convertido el equilibrio de Poderes sobre el que debería asentarse la libertad y la seguridad de la ciudadanía constituyen la manifestación venezolana del mal que aflige a toda Iberoamérica. Chávez, el cantinflesco, castrista felipoide caudillote de la verbiforme República Bolivariana de Venezuela, simboliza todas las violencias ejercidas secularmente contra el imperio de la Ley. Es el resumen presente y la garantía futura de todos, absolutamente todos los desastres. Incluido el dolor de cabeza.

Nicaragua: antes morir que dejar de robar

Hace veinte años, los mejores nicaragüenses se dejaban la vida en las quebradas y valles del Norte luchando contra la dictadura comunista en ciernes. Si Nicaragua no tiene hoy un régimen como el cubano, del que era fámulo y émulo el de Daniel Ortega, se lo debe a los diez mil soldados de la "Contra" que murieron en combate abierto, en turbias emboscadas por los pasos que desde la frontera de Honduras llevaban a los "contras" a los frentes difusos de la guerra civil o fueron simplemente asesinados en las cárceles por los secuaces de Tomás Borge, Lenín Cerna y demás querubes del marxismo-leninismo bendecidos por Ernesto Cardenal y otros clérigos de la Teología de la Liberación. Obando salvó el honor de la Iglesia en aquel trance y probablemente también a su país. Pero sólo del comunismo. De la corrupción no hay quien lo salve. Por lo visto, para muchos políticos nicaragüenses es más fácil dejarse matar que dejar de robar.

Aquel heroico sacrificio de una generación de liberales y demócratas nicaragüenses terminó casi por sorpresa en unas elecciones convocadas por los sandinistas en la seguridad de ganarlas y que, sin embargo, perdieron. A trancas y barrancas, tomados por sorpresa, dejaron el Gobierno, que no el Poder. Violeta Chamorro tuvo la ocasión de liquidar ejemplarmente la estructura dictatorial con base militar creada por el sandinismo pero prefirió que sus hijos -líderes de los dos bandos "nicas"- hicieran las paces o al menos compartieran el poder. Humberto Ortega siguió al frente de un ejército de partido y los Nueve Comandantes se dedicaron, simplemente, a robar. "La Piñata" fue el nombre popular del atraco de las propiedades y bienes de antiguos somocistas que Ortega y sus cuates se apropiaron y nunca devolvieron. Los sandinistas permitieron gobernar a medias siempre que les dejaran robar. Y los que mandaban pero menos, por culpa de los sandinistas, decidieron compensarse a sí mismos robando más. Si en los primeros gobiernos antisandinistas la corrupción parecía un mal menor, un mecanismo de control de la Oposición, cuando llegó a la Presidencia "El Gordo", Arnoldo Alemán, la corrupción fue simplemente un reto entre izquierdas y derechas en el que los llamados liberales del PLC han demostrado una voracidad digna de los tiburones que hace tiempo se retiró a pescar Edén Pastora, el pintoresco y olvidado "Comandante Cero".

Por muy poco no volvieron los sandinistas al poder en las últimas elecciones. Pero Bolaños, el vencedor, se ha encontrado, Justicia mediante, con las cuentas de "Gordoman", a cuyo lado las del Gran Capitán son minutas de faquir, salarios de hambre y resignación. Desde su boda en el Biltmore Hotel de Coral Gables (Florida), dos aviones de invitados a cuenta del Presupuesto Nica, todas las variantes más entrañables de la corrupción han sido objeto de práctica y deporte entre los Alemán. Una docena de familiares y medio gabinete presidencial afrontan denuncias por decenas de millones de dólares. Pero lo peor de la corrupción estaba por llegar.

Bolaños necesita 47 votos para privar de inmunidad parlamentaria y juzgar al "Gordo". Los 37 escaños sandinistas no bastan. Y el grupo del Partido Liberal Constitucionalista, fiel a Alemán, tras proclamar que todos roban, ha cerrado el Parlamento por tres semanas, de momento, para pactar inmunidades e impunidades con "Piñatín", jefe de la banda sandinista. El escándalo es total. El descrédito de la democracia, absoluto. Y difícilmente habría hoy diez mil "contras" dispuestos a morir por la libertad. Por la de robar, ciertamente, no.

En Colombia siempre es once de septiembre

El día de la toma de posesión de Álvaro Uribe como Presidente de Colombia, la narcoguerrilla de las FARC bombardeó con cohetes el Palacio donde tenía lugar la ceremonia y aunque no mató al Príncipe de Asturias ni a ninguno de los presidentes iberoamericanos que acompañaban a Uribe en aquel luctuoso bautizo, mató a un veintena de mendigos que acampaban en un barrio de chabolas a espaldas de la Presidencia. Apenas una docena del centenar y medio de cohetes preparados por las FARC estalló. De otro modo, salvo que alguno de los altos dignatarios extranjeros hubiera resultado muerto o herido, habrían sido doscientos o dos mil los cadáveres. Pronto enterrados y ya olvidados. ¿Qué son dos mil muertos en un país que entierra a más de treinta mil al año, que tiene a miles de secuestrados, que no cuenta ya el número de crímenes comunes, porque nada hay más común en Colombia que el crimen?

Y sin embargo, lo que más preocupa a la Prensa internacional en el mandato de Álvaro Uribe no es que consiga sacar a su país de la categoría de matadero universal, capital del narcotráfico y paraíso de la guerrilla totalitaria comunista. Lo que ya en vísperas de esa ensangrentada toma de posesión preocupaba al New York Times y la prensa internacional, entre ella a los diarios españoles, es que Uribe pudiera "poner en peligro las libertades democráticas" en su anunciada lucha sin cuartel contra la guerrilla, propósito en el que le ha respaldado el 70% de los votantes colombianos, incluso a espaldas de los dos grandes partidos tradicionales. El influyente diario judío, paradigma de la izquierda estadounidense, llegó incluso a atribuir a Uribe relaciones con los paramilitares antes de ganar la presidencia. Bien es verdad que lo hacía con una de esas retorcidas fórmulas con que la prepotencia editorial y la malevolencia política se creen dispensadas de dar un dato o una sola prueba a cambio de que sus insinuaciones se queden en simple difamación. Por cierto, que una de las tareas más eficaces que el brillante periodista y ahora ministro Francisco Santos podría llevar a cabo es tratar de procesar por difamación a cuantos en Estados Unidos y Europa sirven de altavoz a la guerrilla comunista con el pretexto de la defensa de los derechos humanos. De los derechos que pisotea la guerrilla que la izquierda en general y la progresía periodística en particular defienden o disculpan.

Una fórmula particularmente abyecta ha usado la prensa internacional a propósito de las primeras medidas de emergencia promulgadas por Uribe: "habrá que vigilar que no se conculquen las libertades..." ¿Y qué han vigilado estos escuadrones periodísticos cuando las vidas de los colombianos eran segadas por decenas de millares al año? ¿Qué han escrutado cuando la guerrilla secuestra, tortura y asesina cargos públicos? ¿Qué han investigado cuando fuerzas políticas legales se han dedicado al turismo revolucionario en la "zona de despeje" o en cualquier otra zona controlada por la guerrilla de Tirofijo? Nada, por supuesto. Ni un caso. Simplemente admiten todas las denuncias de fuentes guerrilleras que han entendido que con señalar desde algún "Comité de Derechos Humanos" a un militar eficaz o a un político decente bastaba para que la burocracia de los USA, de la UE o de la ONU, ese paraíso de onerosa iniquidad, asumiera la difamación y eliminara al molesto enemigo del crimen, a cambio de seguir supuestamente "apoyando" a Colombia.

En Colombia, todos los días es 11 de septiembre. Incluyendo el día después, cuando a las víctimas se les culpa por serlo y a los verdugos se les disculpa por haberlo sido. No es simplemente el paraíso del terror sino su escaparate internacional. Pero el terror no es sólo la muerte, es también la propaganda. ¿Están dispuestos los USA o España a hacer contra el crimen y su publicidad en Colombia lo mismo que hacen contra su terrorismo? ¿O acaso creen que la vida de un colombiano vale menos que la de un periodista del New York Times? Por desgracia, es así. Pero por el bien de Colombia y no sólo de Colombia nunca deberíamos acostumbrarnos a ello. Hay que ayudar a Uribe a ganar la guerra, no tratar de impedírselo. Pero más vale que los colombianos se dediquen a ganarla ellos solos con los pocos amigos de verdad que tienen. Ya vendrá luego cierta prensa internacional, tan engreída como liberticida, a felicitarlos bastante y regañarlos un poco, por sus "excesos" en la lucha contra el crimen. Ellos nunca se "exceden". Salvo en el racismo y la hipocresía.

Toledo, su señora y la mentira más sonora

Al final, acabará teniendo razón Álvaro Vargas Llosa. No sólo Alejandro Toledo lo ha convertido en el primer perseguido político de su régimen, sino que la presidencia del atezado peruano y de la belga indigenista Eliane Karp, su señora legítima, se está convirtiendo en una auténtica epopeya de la mentira. La cuestión por dilucidar es quién miente más, si Toledo o su legítima, en el caso de que el presidente tenga alguna que lo sea del todo.

De momento, el hombre, digo el estadista, llevaba ventaja. Había mentido acerca de una hija natural llamada Zarai, a la que se niega a reconocer y también a que se compruebe mediante las pruebas de ADN si es realmente su padre. Éste asunto, en el que tanto se ha involucrado Álvaro Vargas y que tantas críticas le ha acarreado entre los liberales por suponerse injerencias en la vida privada es, en realidad, muy poco privado. ¿Extrañaría que en los USA se exigiera una aclaración semejante por parte de Bush? ¿O en Francia por parte de Chirac? ¿O en España por parte de Aznar? Seguramente, no. Entonces, ¿por qué no aplicar en Perú la norma no escrita por la que se entiende que el hombre capaz de mentir sobre lo más importante de su vida privada -y un hijo debe serlo- puede mentir sobre todo lo demás, incluido el manejo de fondos públicos? ¿O acaso se ha asumido la idea racista y machista de que Iberoamérica es "culturalmente distinta", no homologable con los países civilizados de Occidente y que en ella no rigen las convenciones éticas más elementales?

Y si a los líderes iberoamericanos no se les exige un comportamiento mínimamente respetuoso con la moral convencional -reconocer a los hijos y no abandonarlos es una convención que no se distingue de la simple civilización- ¿cómo sorprenderse de que a cambio de las irregularidades de un cónyuge, el otro -en este caso y casi siempre la otra- haga de su capa un sayo y mienta en su propio beneficio, político y económico? Eso es lo que ha pasado con la señora de Toledo, que desde su llegada a la Presidencia venía fingiendo que había dejado su trabajo, muy a su pesar, y hasta se adornaba diciendo que era la primera vez que tenía que pedirle dinero a su marido, pero a la que se ha descubierto que venía cobrando un buen salario (10.000 dólares, que se sepa) de un banco que, casual o no tan casualmente, era el que administraba los ingentes "ahorros" de Vladimiro Montesinos. ¿Cómo no poner en relación esta capacidad de mentir hasta sin necesidad con la manía de su marido a la verdad? ¿O cómo no suponer que ambos han hecho de la mentira su negocio y que habrá más casos de corrupción económica y política que afecten directamente a la Presidencia del Perú?

La mentira de la muy izquierdista, muy indigenista y no muy amiga de España Eliane Karp, un poder nada en la sombra de la administración de su marido, no sólo se presenta con visos de corrupción al por mayor (¿por qué cobraba sin trabajar -al menos de forma confesable- de un banco sometido a investigación judicial, presunta máquina de lavar dinero robado por la clase política del fujimorismo?) sino que ha producido una catarata de trolas al tratar de encubrirlo. Al destaparse el caso, el Gobierno dijo que la Señora Presidenta y su hija legítima estaban en Europa. Completando su cultura o de visita familiar, cabía suponer. Pero desde Chile, tan ligado al gran negocio ilegal de la aviación peruana destapado por Álvaro Vargas Llosa y que le costó su actual persecución, se desmintió el piadoso efugio: ambas estaban de vacaciones en Tahití.

Descubierto el pastel, el económico y el desinformativo, el régimen de Toledo con el Consejo de Ministros casi en pleno acudió al aeropuerto a recibir y desagraviar a la Primera dama, protagonizando a continuación un mitin en el que la fogosa Karp no pudo desmentir que cobraba del banco sospechoso, a pesar de haber proclamado urbi et orbi que no lo hacía. A cambio, insultó verbalmente a la Prensa, mientras un nutrido piquete seguramente funcionarial repartía panfletos contra los desvergonzados periodistas, capaces de desprestigiar a la Excelsa Pareja de estadistas. Y esto de perseguir al mensajero ya no es un síntoma, es toda una política, la de perseguir la información para encubrir la corrupción, que está haciendo añicos -una vez más- las esperanzas institucionales del atribulado país andino. A la célebre pregunta del comienzo de la novela del indiscutible Mario Vargas Llosa Conversación en la Catedral: ¿cuándo se jodió el Perú?, su discutido hijo podría contestarle: "mañana, papá; mañana".

El dinero español de Chávez

Probablemente la razón jurídica más sólida para destituir y procesar por corrupción al Presidente de Venezuela Hugo Chávez sea la financiación ilegal con fondos extranjeros de su campaña de 1999. Luis Miquilena y Alejandro Armas, que fueron mano derecha y media mano izquierda del militarote en sus primeros tiempos de gobierno, han confirmado a la prensa de Caracas que las dos entregas detectadas por el juez Garzón de los dos mayores bancos españoles (1.5 y 1.8 millones de dólares, del BBVA y el BSCH respectivamente) fueron utilizados con pleno conocimiento del entonces candidato. Como además de provenir del extranjero (aunque esto pueda ser legalmente discutible si la entrega se hizo a través de filiales locales) el dinero no se contabilizó en los gastos de campaña, son dos los delitos cometidos por Chávez. El primero, tal vez de honor, en quien ha hecho del nacionalismo y del patrioterismo más demagógico uno de sus argumentos políticos esenciales. El segundo, absolutamente deshonroso, propio de quien ha confundido desde hace mucho tiempo lo privado y lo público, lo que es de Venezuela y lo que es de Chávez. Por el primero cabe desacreditarlo. Por el segundo, destituirlo y mandarlo a la cárcel.

Naturalmente, todo dependerá de la relación de fuerzas que el chavismo y la oposición demuestren en el área judicial, sujeta a todas las politizaciones y tensiones desde que Chávez, atacando la evidente corrupción de la Justicia, acabó con la ficticia separación de poderes y se apropió los tres, si bien la criada judicial le está últimamente saliendo respondona. Pero el mero hecho de que el enjuiciamiento de Chávez y de sus opositores, civiles o militares, legales o ilegales, se sitúe ante los tribunales muestra que el futuro político venezolano va camino de la dictadura descarada del chavismo, de su deposición violenta o de la guerra civil, las tres posibilidades transitando en estos momentos el camino del caos.

Pero el hecho constituye también un baldón y una deslegitimación de las inversiones españolas en Iberoamérica, que no por ser privadas o de empresas recientemente privatizadas (Telefónica, Endesa, Repsol) dejan de afectar gravemente a la imagen de España en su conjunto. Si en Argentina o incluso en Chile los empresarios y banqueros españoles no vacilaron en corromperse corrompiendo a los corruptos funcionarios y dirigentes políticos del país para hacerse con el control de empresas y concesiones supuestamente rentables (aunque la realidad ha demostrado que podían ser ruinosas), el apoyo de los bancos españoles a Chávez, un demagogo dictatorial cuyo modelo político declarado eran y son los regímenes terroristas más repugnantes del mundo, desde Castro a Gadaffi pasando por Sadam Hussein, es algo que va más allá de la corrupción. Es un verdadero crimen contra Venezuela y contra España, porque es un crimen contra la libertad. Además de tener que justificar, es decir, que pagar muy caro, esa utilización de dinero negro, los bancos españoles deberían asumir públicamente sus culpas, pedir perdón y, desde luego, aprender la lección. No sólo hay que ser honrado, incluso en Iberoamérica. Es que no serlo, además de una inmoralidad, puede resultar y resulta un pésimo negocio.

Brasil ante Colombia: la ceguera voluntaria

Una de las primeras actuaciones de Uribe ha sido la de poner en marcha acuerdos de cooperación militar con los países limítrofes para evitar que la guerrilla se instale fuera de su alcance si el Ejército colombiano empieza a ganar combates y priva a "Tirofijo" de "zonas de despeje" regaladas o "santuarios" impuestos por la fuerza.

Más por miedo que por vergüenza, Ecuador, Perú y -supuestamente- Venezuela han comenzado ya a desplegar soldados en sus zonas fronterizas. Perú, porque teme un enlace directo a través de la selva que reactive a Sendero Luminoso y al MRTA. Ecuador, porque teme que se instalen zonas de narcotráfico y secuestro dentro de sus fronteras, que es lo único que le falta. Y Venezuela... a saber qué está haciendo Venezuela. Probablemente los sectores militares partidarios y detractores del "Gorila Rojo" Chávez se dediquen a vigilarse a sí mismos mientras hacen como que vigilan la frontera colombiana. Si fueran en serio, tendrían que empezar a detener a los ministros y altos funcionarios del chavismo cómplices de las FARC. Pero Venezuela, mientras siga Chávez, es parte del problema colombiano, no de su solución.

Distinto es el caso de Brasil, el gigante suramericano con los pies de barro, que hasta ahora se ha limitado a mirar de lejos la inmensa sangría de sus vecinos colombianos. Como mucho, ha participado de lejos en los muchos saraos pacificadores montados por Pastrana, Annan, y otros desocupados en los últimos años. Pero la época de las claudicaciones del Estado en Colombia, disimuladas bajo la fanfarria de la Paz, han terminado. Y nadie puede volver a jugar el mismo papel de comparsa que antaño. Brasil, sin embargo, cree que sí.

En su columna del Nuevo Herald del 15 de Agosto, Andrés Oppenheimer detallaba los muchos desaires acumulados por Brasil en las últimas semanas, incluyendo una delegación de mínimo nivel en la toma de posesión de Uribe. Aunque Oppenheimer reclame un papel de pacificador para Brasil que uno no sabe qué puede pintar en esta Colombia, las hipótesis sobre la deserción brasileña de sus responsabilidades apuntan tanto al miedo de los militares a la entrada de las FARC en su territorio como a las dificultades de los diplomáticos para ejercer una mediación que supondría distanciarse de los USA, el aliado fundamental y casi único de Colombia, lo que sería inmediatamente rechazado por los colombianos. Pero hay dos datos que da Oppenheimer mucho más reveladores, a mi juicio, que las dobleces y excusas del los brasileños de uniforme o sin él: ninguno de los cuatro candidatos presidenciales se refiere a Colombia en sus programas, como si el narcotráfico y el secuestro fueran actividades que no pudieran afectar al Brasil y -lo más espeluznante- ninguno de los cuatro grandes periódicos y revistas brasileños tiene un corresponsal en exclusiva para Colombia. ¡Como si fuera Ruanda! ¡Como si cerrar los ojos a lo que pasa en sus fronteras evitase la extensión de la plaga!

Pero esa es la triste realidad: Brasil prefiere que los colombianos se maten sin verlos ni oírlos, como si se tratara de una guerra civil y no de un asalto totalitario al Estado, de la implantación del primer Estado narcoterrorista y comunista a cero kilómetros del territorio brasileño. Tal vez el izquierdismo patológico que aflige a buena parte de la clase política iberoamericana explique esta ceguera voluntaria. Pero además de una tara moral, resulta políticamente inútil. Si Colombia avanza en su guerra, los países limítrofes sólo tendrán una alternativa: albergar a "Tirofijo" y sus actividades o combatirlo sin reservas. Si no lo hacen, su futuro es el del Líbano con la OLP: sometimiento a la guerrilla, cascada de conflictos y trágica desaparición física en medio de un Apocalipsis de bolsillo. Cualquiera de los países limítrofes de Colombia puede sufrir parcial o totalmente ese destino, incluyendo Brasil. ¡Ah, Brasil: geográfica y económicamente tan grande, políticamente tan pequeño!

La crisis llega a Miami

Aunque Miami sea la caja fuerte, el aliviadero, el refugio y El Dorado de millones de iberoamericanos y parezca alimentarse de las muchas deficiencias materiales y morales que les empujan a intentar la aventura del exilio, es también una ciudad, o un enjambre de ciudades -casi una treintena de municipios- que tiene sus propios mecanismos internos de migración, prosperidad y -aunque parezca imposible- de ruina. Miami vive por sí misma, pero también vive de la continua afluencia de turistas iberoamericanos que llegan básicamente a comprar. También toman el sol y van a buenos hoteles, o no tan buenos, y salen de noche, pero al amanecer ya están comprando. La única parte de la industria de la construcción que casi nunca está en crisis es la que levanta continuamente "malls", inacabables galerías de tiendas, gigantescos almacenes de oportunidades, inmensas factorías de descuento. La ropa, sobre todas las cosas, pero también el menaje del hogar en sus infinitas sustancialidades y naderías, electrodomésticos con vida propia aunque abocados a un pronto olvido, artículos de oficina, de bricolage, de pesca, de caza, de deporte, de todo. Miami es una inmensa tienda... que se está quedando sin clientes.

Un informe reciente del Nuevo Herald sobre la crisis del turismo en la temporada alta, que es la de julio y agosto, arroja datos espectaculares: la caída de ventas en el Downtown, el centro de la ciudad, llega al 90% en la calle Flagler, epicentro de las oportunidades para los viajeros del Cono Sur y del Caribe. Los argentinos, reyes del "deme dos" desde la extinción de los petrovenezolanos en los 80, hace un par de años que empezaron a ralear por las aceras y ahora apenas se les oye. Muchos se han venido a Miami, pero, por desgracia para ellos, no están los tiempos para abrir tiendas. Tendrán que esperar.

Así pues, ¿Miami no va bien en la medida en que Iberoamérica va mal? No. Los grandes capitales prefieren evadirse por las avenidas cibernéticas de Gran Caimán antes que instalarse en algún banco de Brickell Avenue. Estados Unidos, afortunadamente, ya no es un refugio seguro para los dictadores y politicastros que hicieron de la cleptocracia el complemento natural de la demagogia. Man, Gibraltar e incluso Cuba son mejores lugares que Miami para blanquear el dinero más negro. Ahora, Miami va bien si la economía norteamericana va bien, y si la iberoamericana no va mal. Pero la crisis que está asolando a todos los países al sur del Río Grande tenía que afectar a su capital demográfica y natural. Ya lo ha hecho. El cierre de tiendas y grandes galerías comerciales ya no es noticia. Un inmenso proceso de reconversión está en marcha. Nuevos modelos de comercio, más sencillos, más ligeros, más especializados y más atentos al ciudadano común de Miami, no sólo al turista pletórico, se abrirán en los próximos años. Y lo harán los recién llegados de Argentina, Colombia, Perú, Ecuador o Venezuela. Todavía no sabemos cómo. Todavía no saben cómo. Pero lo averiguarán, seguro. Les va la vida en ello. Y son supervivientes.

Cómo los USA corrompen Iberoamérica

Hace ya mucho tiempo que la política norteamericana del "Big Stick" para su "patio trasero", también conocida como "diplomacia de las cañoneras", quedó reducida a contadas intervenciones militares motivadas por la Guerra Fría (Granada) o el narcotráfico (Panamá). Se suponía que la gran alternativa puesta en marcha por los republicanos y no dificultada por los demócratas iba a ser la del Tratado de Libre Comercio (TLC), que reduciría las tensiones sociales y fronterizas con México y sustituiría a la política kennediana de la "Alianza para el Progreso" y los distintos "cuerpos de paz" que la han continuado por un concepto mucho más realista y eficaz de las relaciones exteriores: abrir mercados y cerrar negocios juntos. La respuesta iberoamericana, tras el tira y afloja del Gobierno de México con la izquierda paleolítica, fue muy positiva. No sólo Centroamérica y el caribe, tras los pasos mexicanos, sino Chile e incluso el MERCOSUR quisieron también entrar en el TLC.

Pero de eso hace ya tres o cuatro años. Ahora, la crisis iberoamericana ha afectado de forma gravísima a la libertad de comercio, y no sólo por los pecados iberoamericanos y por los mercados electorales que los políticos de los USA cultivan mediante aranceles y otros obstáculos tan mezquinos como desvergonzados. Y hay algo más que el forcejeo por los tomates exportables y el banano desestabilizador. El dinero se ha convertido en la principal mercancía exportada e importada por los Estados Unidos y por Iberoamérica. Y el resultado no puede ser más terrorífico, para la política, para la economía y para la ética.

Créditos como el recientemente acordado a Brasil y otros del FMI y del BM auspiciados por Washington no sólo se han constituido en la garantía de continuidad de todos los regímenes corruptos de Iberoamérica, sino que además garantizan la continuidad del negocio de los grandes bancos norteamericanos de prestarles a esos dictadorzuelos y demagogos un dinero del que finalmente se hace cargo el Presupuesto USA mediante créditos que son un verdadero premio a la insolvencia.

Pero como recientemente denunciaba Carlos Ball y siempre hemos criticado en Libertad Digital, no se trata sólo de un error teórico, sino de la más sucia y vulgar corrupción, aunque perpetrada al más alto nivel y adornada con toda la retórica de la sensiblería tercermundista que es la fuente de financiación de los peores demagogos. La Administración Bush facilita dinero a Brasil y otros gobiernos mucho más manirrotos para que puedan seguir pagando, al menos, los intereses de los créditos irresponsables de la banca norteamericana. Cuando lo correcto sería dejar que los banqueros asumieran esas pérdidas y que los gobernantes asumieran la correspondiente quiebra. Al no hacerlo, USA no sólo asume la corrupción iberoamericana sino que, como sucede con el dinero español de Chávez, contribuye decisivamente a afianzarla y a extenderla. De todas las ruinas iberoamericanas, seguramente ésta es la que, en principio, dificulta más la reconstrucción.

Castro acaba hasta con el azucar

Poco después de proclamar la eternidad, la inmutabilidad y el perenne verdor constitucional del socialismo, el dictador caribeño ha decretado la liquidación del sector productivo tradicional de la isla: el azúcar. Se trata -según palabras del comisario encargado por el Líder Máximo para acometer la hazaña- de la adaptación del cultivo de caña y su conversión en azucarillos a la realidad cambiante y competitiva de los mercados. Pero como hace mucho que los mercados dejaron de interesarse por el azúcar en general y por el cubano en particular, que es caro para lo que vale y malo para lo que cuesta, lo que realmente ha puesto en marcha el castrismo es el despido masivo de los trabajadores del sector. No menos de cien mil. Que en un país muerto de hambre y sin capacidad de crear empleo -lo prohíbe de hecho y constitucionalmente el socialismo vigente- no es pequeño fardo para las esqueléticas espaldas del Erario.

El azúcar fue durante muchos años el símbolo de la capacidad productiva del régimen comunista implantado por Fidel Castro. Símbolo que no se compadecía con la realidad, pues todas las marcas de productividad que el Monstruo de Birán quiso alcanzar machacando a los trabajadores y obligando a los estudiantes a dejar sus libros y trabajar en la zafra (además de los miles y miles de presos políticos que purgaron sus pecados políticos y sexuales cortando caña) acabaron en fracasos. A pesar de las grandes innovaciones tecnológicas que han tenido lugar en estos cuarenta años y pese a las gigantescas inversiones que el sobreprecio "político" del azúcar vendido a la URSS y demás países socialistas ha permitido en el sector, nunca ha recuperado Cuba los niveles de producción y beneficio anteriores a la revolución. Lo cual, como prueba de la superioridad del socialismo sobre el capitalismo, no está nada mal. El socialismo ha arruinado hasta el monocultivo y con esa tarjeta de visita se presenta en el mercado moderno a vender las sobras. Otro momento estelar del castrismo. Y van...

Pero lo que tiene el socialismo de miseria económica no le priva nunca de su factor grotescamente político, es decir despótico y arbitrario. Lo primero que ha dicho el dizque Gobierno de la Isla es que los parados del sector no serán tales, porque el socialismo garantiza el empleo para todos. ¿Y cómo, si no es capaz de garantizar la subsistencia del sector del azúcar? Pues mediante una recuperación de la misma fórmula socialista que permitió enviar a los estudiantes a la zafra de los diez mil millones (es la misma que acabó con el sistema escolar en China durante la Revolución paradójicamente llamada Cultural, es una hazaña paralela al exterminio en Camboya de todos los que llevaran gafas, símbolo de trabajo intelectual y de imperdonable alejamiento del campesinado revolucionario), la famosa abolición de las fronteras entre el trabajo manual y el intelectual. Pero, ahora, al revés. Unos cincuenta mil trabajadores en paro del sector reconvertido o liquidado por el castrismo deberán dedicarse a estudiar. Sí, sí, a estudiar. Se acabó aquello de que obreros y campesinos fueran el modelo para los estudiantes. Ahora, al campesino expulsado por la inhóspita realidad agrícola, el sistema socialista cubano no le dará de comer, pero le convertirá, quiera o no, en universitario. A Cuba le sobran titulados superiores del sector público (no hay otro) y salvo a los que envía como "consejeros", es decir, como comisarios a otros países que se adentran en los placeres revolucionarios del colectivismo, no tiene para pagarlos. Si en Cuba -salvo para los extranjeros- no hay dinero ni para comprar aspirinas, tampoco puede habarlo para pagar a tantos miles de médicos, de profesores, de "trabajadores intelectuales" de la Revolución.

Sospecho que estas decenas de miles de agricultores desahuciados por el mercado y condenados a trabajos forzosos por el socialismo (aprender marxismo-leninismo, repetir de memoria los Discursos Completos de Fidel) no tienen otra salida que la mendicidad internacional. Acabarán en la nómina del Inserso o como paniaguados del sistema de pensiones de cualquier país capitalista, inhumano y explotador del hombre por el hombre. Menos mal que llegó el comunismo a la Isla. De otra forma, esa vida ejemplar de los parados universitarizados de Cuba acababa a manos del imperialismo del colesterol. La dieta hipercalórica ¡No pasará!

La "kakocracia" paraguaya

Para definir la calamitosa situación paraguaya, Porfirio Cristaldo Ayala defendía, en un artículo reciente, el concepto de "kakistocracia", creado por el filósofo García Venturini para nombrar el "gobierno de los peores", por oposición a la "aristocracia", que en su acepción griega primitiva significaba gramatical y a veces políticamente "gobierno de los mejores". La propia historia de Grecia muestra que allí mandaron muchos y no siempre los mejores, o sea, como en todas partes. Dada la incomparable aportación helénica a la civilización, podemos convenir en una cierta "kalocracia" o "gobierno de los buenos", pero no más allá. El mejor era Sócrates y le hicieron tomar la cicuta ciertos "kakistócratas" colectivistas y despilfarradores. Porque Sócrates era un enemigo decidido del déficit, como lo prueba su última voluntad de pagar a Esculapio el gallo que le debía. Y ese ejemplo lo llevaron muy mal los demagogos, tradicionales devotos del gasto público.

Y, sin ánimo de minimizar los desastres de la clase dirigente paraguaya pero sí de ponerla al mismo nivel de vulgaridad que los demás gobernantes de Iberoamérica, yo no diría que mandan los "kakistós", es decir, por analogía, los peores, sino simplemente los malos. O sea, que con "kakocracia" sería suficiente para definir su clase, casta o banda dirigente. Esa maldad desteñida por la mediocridad la muestra de forma prácticamente insuperable una anécdota protagonizada por el Presidente paraguayo, González Macchi, en su reciente visita a Taipei.

Estaba el mandatario paraguayo a punto de inaugurar oficialmente su periplo taiwanés cuando un par de "kakós" chinos, políticos ellos, dieron una rueda de prensa acompañando a cuatro prostitutas que denunciaron a un funcionario de la embajada paraguaya por contagiarles deliberadamente la enfermedad sexual que padece, un condiloma que propicia la aparición de verrugas en las zonas que el vulgo considera sexuales y las prostitutas razonablemente laborales. Al desprecio personal, social o racial se añade el daño económico que el condiloma supone para la explotación de las zonas afectadas.

Tampoco se puede hablar de trampa, porque las prostitutas habían pedido ver antes al embajador para solicitar la expulsión del indeseable y contagioso diplomático, pero el "kakócrata"protegió al falócrata y ni las recibió ni atendió sus demandas. Total, que el presidente de la República del Paraguay se encontró con el escándalo sin tener arte ni parte en la fechoría. Pero como los malos suavizan mucho su artera condición a la vista torva del superior, el embajador pidió excusas por su desconsideración y falta de sensibilidad y aseguró la inmediata reexpedición a la patria del rijoso contagioso. ¿Y no llegará este sujeto -dirá el lector- a la categoría de "kakistócrata", es decir, no será de los peores? La respuesta es no. Y la razón es bien clara. ¿Saben ustedes cómo se llama el condilomatoso sujeto? Rubén Darío. Díganme si esto no es rebajar, hasta en el vicio.

Narcoamérica

Junto a la violencia y la estupidez, a la inseguridad ciudadana y la demagogia política, hay un cáncer que permea toda Iberoamérica. A los países más afortunados, los salpica. A los menos afortunados, los empapa. Y a los más castigados por el destino geográfico y por sus propios errores, sencillamente, los ahoga. Pero ningún país iberoamericano está libre de la corrupción institucional del narcotráfico. Y en ninguno puede decirse que la amenaza haya decrecido. Tampoco que sea un indeseable producto nacional destinado esencialmente a la exportación. En los países como Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador, el consumo siempre ha sido alto, pero ahora no deja de aumentar y no tiene nada que ver con tradiciones ancestrales. El jovencito menor de edad que se pincha heroína en un barrio elegante de Lima no tiene nada que ver con el campesino incaico que hallaron los descubridores españoles, con la bola de hoja de coca en el carrillo para combatir el soroche y también para aumentar su productividad. La muchacha de quince años que se prostituye desde hace dos, que es adicta al crack desde hace uno y que un día aparece en el programa de Laura Bozzo peleando a bofetones falsos por tres maridos verdaderos con otras tres esposas ciertas, no está haciendo ofrenda de su perra vida a la Pacha Mama.

Pero si el consumo y la delincuencia asociada es la primera causa de muerte y destrucción de todos los "poblados jóvenes" de América, la corrupción de las instituciones judiciales, legislativas e incluso ejecutivas de esos países asegura que desde el Estado no se va a poner remedio a su devastación, sino que se aspira a convivir con ella, antes de pasar a defenderla. Una lista de políticos colombianos que cobraban dinero de los narcos para sus carreras políticas y sus cuentas nada corrientes, ha sido activada o actualizada en un tribunal floridiano dentro del proceso de extradición del narco Patiño. El ex-presidente Samper, su mano derecha Horacio Serpa, fallido candidato presidencial, y otros grandes nombres de la facción del partido Liberal que apoyaba a Samper pueden verse ante los jueces de Florida, por el juicio a Patiño o por lo que se derive de sus relaciones con él. Y si las pruebas pueden ser dudosas, la convicción general es que esa relación no admite duda alguna. Ya se archivó en Colombia en su día pero, según se denunció, por presiones políticas más que por convicciones judiciales.

Lo terrible es que la gravedad de este mal, como sucede con tantos otros en Iberoamérica, ni siquiera se plantea públicamente. Supondría tal ejercicio de sinceridad y ética civil que las naciones que lo llevaran a cabo podrían empezar a entreabrir las puertas del futuro. Pero la purga en los tres Poderes y en la Administración del Estado debería ser tan severa, extensa y radical que ningún país, ningún político con ínfulas presidenciales, se atreve siquiera a propugnarlo. El narcotráfico es el excipiente multiplicador de todos los males y peligros tradicionales de Iberoamérica. Y, además, el peor de los peligros. Por desgracia, ante este flagelo continental, las clases dirigentes están más desguarnecidas y desbordadas que ante la endémica plaga de la guerrilla comunista. Quizás porque, como son cada vez más la misma cosa, es ya imposible luchar contra una sin atacar a la otra. Y generalmente se opta por no combatir en serio a ninguna de las dos. Así va todo.

Ladrones defienden a violadores y viceversa

Zoilamérica es una hija adoptiva de Daniel Ortega, el alevín de dictador que ejerció como presidente de Nicaragua durante los años de dominación sandinista. Y en estos amenes de Agosto, aprovechando el cambio en la presidencia de la república y el enfrentamiento del actual, Enrique Bolaños, con el anterior, Arnoldo Alemán, ha vuelto a presentar una demanda por violación continuada de su padrastro, que Zoilamérica sufrió desde los 11 años de edad hasta casi los 29. Huelga decir que con la complicidad de su madre, una de tantas poetisas revolucionarias defensoras del "hombre nuevo" y de la mujer antigua, con la pierna quebrada, atada a la cama y al servicio sexual del patriarca de la casa.

Otra mujer sirvió eficazmente al presunto violador en calidad de cómplice: la juez elegida por el padrastro y presunto violador cuando todavía disfrutaba de mucho Poder, que rechazó la demanda de Zoilamérica. Pero madre y jueza no habrían triunfado en su macabra hazaña de ocultación y de desprestigio de la víctima sin la complicidad con el infame Daniel de sus sucesores en la Presidencia, y muy especialmente de Arnoldo Alemán. El "Gordo" ayudó a Ortega a tapar ese escándalo que debería haberlo llevado a la cárcel y al ostracismo, a cambio de que los sandinistas hicieran la "vista gorda", gordísima, sobre el latrocinio desaforado a que Alemán sometió al Erario nicaragüense: cien millones de dólares, según las denuncias de la fiscalía, que se limita a las cifras constatadas, al robo directo del Presupuesto. Comisiones, coimas y mordidas, para qué contar.

Pero lo que ha movido a Zoilamérica a presentar de nuevo su denuncia por violación no ha sido sólo la confianza que inspira el nuevo presidente y su lucha contra la corrupción, incluída la judicial. La gota que ha rebasado el vaso de su paciencia o de su amargura ha sido ver a su presunto violador encabezando públicamente las denuncias contra Alemàn, al que él personalmente encubrió a cambio -denuncia Zilamérica- de que el "Gordo" le ayudara a encubrir su delito sexual.

Lo terrible de esta historia de ladrones defendiendo a violadores y viceversa es recordar que diez mil nicaragüenses murieron en la guerra civil de aquel país, unos en las filas sandinistas y otros en las antisandinistas de la Contra. Ni unos ni otros merecían que su recuerdo y su sangre hayan servido para abonar el camino de dos delincuentes comunes cuya mera presencia, cuya simple supervivencia en la política nicaragüense constituye un insulto. A los vivos y a los muertos. 

La emocionante Colombia de Uribe

Probablemente el único país iberoamericano donde la esperanza todavía es posible, donde la dignidad se defiende con la vida y donde los principios alientan claramente la acción política del Gobierno sea Colombia. La Colombia de Uribe, precisemos.

El nuevo Presidente ha acometido la guerra en el mejor estilo de los Reyes Católicos: procurando tener dinero para pagarla, única manera seria de vencerla. Isabel y Fernando afrontaron tres largas guerras, militarmente difíciles y económicamente casi imposibles. La primera fueron los diez años de la guerra civil castellana contra Portugal y los partidarios de la Beltraneja. La segunda, los diez años de la Guerra de Granada, que terminó la Reconquista y definió la España moderna como el único país importante capaz de volver al Cristianismo y a la civilización grecolatina entre todos los que los musulmanes ocuparon desde el siglo VII. Piénsese lo que habría supuesto que una España musulmana hubiera descubierto, conquistado y evangelizado, es decir, islamizado América. Y tras esas dos hazañas tuvieron otra década de guerra con Francia en Italia y en los Pirineos, asentando la supremacía militar de España en Europa durante un siglo largo. Pues bien: al final de su belicoso reinado, los precios eran ligeramente más bajos que al comienzo, no existía inflación, se había eliminado en gran parte la inseguridad y si los reyes que los sucedieron hubieran entendido la economía y la guerra del mismo modo... en fin, quién sabe. Pero el ejemplo está ahí, en la Historia, y debe conocerse.

Y también debe saberse lo que Uribe intenta, porque es admirable. Además de cambiar a todos los altos mandos policiales acusados de corrupción con fundamento, además de pedir resultados concretos en público y personalmente a los altos mandos militares, además de conseguir créditos extraordinarios mediante un impuesto para la guerra, Uribe quiere sanear las finanzas del Estado para cumplir los objetivos de inflación que el FMI y el simple sentido común aconsejan ante una guerra prolongada. Para ello, se ha propuesto eliminar una parte de la burocracia estatal, de ese Estado que se hunde ante la guerrilla. Y ya le han anunciado la Huelga General los sindicatos. No se sabe de cuántos burócratas prescindirá, pero antes de saberlo ya están los heroicos sindicalistas en pie de guerra... contra su Gobierno legítimo. Contra las FARC parece que no tienen la misma urgencia.

Todo lo que está haciendo el nuevo gobierno de Uribe tiene el mérito de la ética y de la lucha contra la libertad. Pero no gastar lo que no se tiene es un hecho ético esencial en todo gobierno democrático. Y sólo así conseguirá Colombia tener alguna oportunidad de ganar la libertad. Contra viento y marea, pero con las ideas y los principios claros, no sabemos lo que podrá lograr efectivamente Uribe pero el sólo hecho de intentarlo y la manera en que lo está haciendo merecen el reconocimiento, el aplauso y la ayuda de todos los países decentes, de los amigos de la libertad del Mundo entero.

El indice de iberocorrupción

El índice Eigen de corrupción en el mundo acaba de situar a Chile como el país menos corrupto de Iberoamérica, por delante incluso de países europeos como Grecia e Italia. Y aunque este tipo de estadísticas siempre suscita controversia porque debe medir sistemas heterogéneos, lo que no suele suceder es que el Indice de Pagadores de Sobornos ponga a Gran Bretaña por delante de Haití. Todo es discutible, pero no tanto. Y resulta bastante orientador.

Dejando aparte el caso de Cuba, que como toda dictadura comunista supone la corrupción absoluta y la cleptocracia o "kakocracia" institucionalizada al máximo nivel -la famosa "Cuenta del Comandante" en Suiza y otros países, revelada por "Forbes" hace pocos años- es Paraguay el país más corrompido de todos, aunque ve amenazada su supremacía inmoral por Ecuador y Bolivia. Sin embargo, a todos podría superar pronto Argentina, que cae vertiginosamente en el ya limitado crédito ético de sus instituciones.

Detrás de Chile, Uruguay y Brasil son los mejor valorados del hemisferio, mientras México y Colombia se mantienen a cierta distancia de los relativamente virtuosos. Por el lado contrario, el de la corrupción generalizada, el peculado y la cleptocracia, Guatemala, Venezuela y Nicaragua rondan los puestos de cola. Pero se trata de un "farolillo rojo" muy disputado... con permiso del Rojo del Farol, o sea, del Oneroso Tirano Fidel Castro.

Una conclusión se impone a la vista de estos datos, que no es nueva pero en la que no se insiste suficiente al hablar de la crisis iberoamericana: la primera riqueza de cualquier país es la solidez y eficacia de sus instituciones, comenzando por la independencia y honradez de la Administración de Justicia. Ni el petróleo, ni el oro, ni el agua, ni la mayor de las riquezas naturales puede competir con esa riqueza de la civilización, que además es la primera generadora de prosperidad en todos los países y en todos los continentes. Tan sencillo, tan claro, tan evidente. Pero tan difícil de asumir por quienes han hecho de la irresponsabilidad -que es como decir la injusticia- un sinónimo de la política. Esa es la peor ruina de Iberoamérica.

El futuro a las espaldas

Como en la autobiografía de Vittorio Gassman, Iberoamérica tiene indudablemente un gran futuro... a las espaldas. Su presente oscila entre el caos y la muerte súbita. La degradación de su economía, de sus instituciones y de su vida pública parece no tener fin; la crisis de todos los valores, empezando por el de la confianza, se ha instalado en la conciencia de todos. Y ya sólo parece haber dos clases de países: los que no acaban de salir del pozo y los que, siendo ricos, han caído también en él. Lástima que, si bien se mira, los presuntamente ricos llevan cayendo mucho tiempo en la pobreza, precisamente porque se parecen demasiado a los pobres, sobre todo en las malas costumbres.

Es también un tópico hablar de la vitalidad y de la juventud de estos países. Pero como en tantos de Africa, tener muchos jóvenes sólo significa que hay más candidatos a la violencia, a la manipulación, a la drogadicción y a las enfermedades venéreas. Si la familia y la escuela no funcionan, tener muchos niños sólo asegura tener más delitos. La biología no es todavía un sustituto ventajoso de la sabiduría, y el acné nunca ha mejorado automáticamente el rendimiento escolar. Todos los iberoamericanos maduros fueron jóvenes. No parece que la experiencia les haya servido de mucho.

Lo peor del juvenilismo es precisamente el culto a las soluciones mágicas, generalmente violentas. Y esa demagogia de los hechos al gusto iberoamericano -instantáneos, irreversibles, contundentes, apocalípticos- es lo que al final impide que se desarrolle la modesta eficacia de las instituciones, que crean riqueza, seguridad, propiedad, los anclajes reales del futuro en un presente relativamente aburrido pero siempre mejorable. Contra el culto de la izquierda a las "emociones fuertes" que garantiza Iberoamérica, desde Cuba hasta Venezuela, pasando casi por todas partes, sólo podremos pensar que las cosas están cambiando a mejor, y que empieza a vislumbrarse algo parecido al futuro cuando la vida pública de estos países no inspire ningún interés viajero, exótico y revolucionario a los aburridos izquierdistas europeos. La violencia no es interesante cuando uno la padece. La pobreza no es excitante cuando uno no tiene para cenar. Cuando las cuentas corrientes sustituyan a los horóscopos o compartan al menos su popularidad, quizás Iberoamérica esté camino de alguna parte. Mientras tanto, contar lo que vemos, es casi la única posibilidad de que se entienda lo que sentimos.

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Número 12

Número 12
Oct. 2002

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